Cuando en el año 1487 la tierra de Málaga y su antiguo obispado retornaban al ámbito de la Cristiandad mediante el esfuerzo bélico que pusieron en marcha los Reyes Católicos, alentados por la Sede Apostólica que lo elevó a rango de Cruzada, la sede episcopal abulense se hallaba regida por el benemérito prelado Fray Hernando de Talavera. Aunque fray Hernando de Talavera no nunca fue obispo de Málaga, fue, sin embargo, un personaje benefactor de esta Iglesia. Él puso los cimientos de lo que luego llegó a ser un obispado insigne por la categoría de muchos de sus prelados. Por todo lo expuesto, no es ilógico proclamar que la Iglesia de Avila jugó un papel importante en la acción misional de la instauración del obispado de Málaga
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