Madrid, España
La amenaza que representa Al Qaida y los grupos islamistas a ella conectados se ha convertido en un desafío estructuralmente original para los Estados democráticos de derecho. Frente al terrorismo de cuarta oleada, la persuasión, la contención, la disuasión o la cooptación han dejado de ser estrategias eficaces para confrontar a un enemigo que no acepta la negociación, la tregua, la capitulación parcial o la paz. Estados Unidos y sus aliados se han visto obligados a emplear instrumentos antiterroristas agresivos: el uso de las fuerzas armadas y los servicios de información se ha orientado hacia operaciones encubiertas y de acción directa, que hasta ahora no tenían como blanco a adversarios asimétricos. Pero Al Qaida no ha dejado de reinventarse desde el 9/11. La organización fundada por Bin Laden ya no existe como entidad jerarquizada y estructurada. Sus aparatos político, militar, financiero y de propaganda han sido disueltos o eliminados. Un tercio de los efectivos que conformaban el núcleo duro de la red han sido capturados o están muertos. Sin embargo, numerosos cuadros medios han redibujado y reconstruido el liderazgo de la Yihad Internacional. El entramado terrorista que operaba en Afganistán ha completado con éxito las etapas de retirada, dispersión y reagrupamiento para retomar el pulso de una estrategia ofensiva con vocación ilimitada de destrucción en masa. La coalición antiterrorista pilotada por Estados Unidos se enfrenta a un enemigo de una naturaleza única, estructuralmente globalizado, operativamente atomizado.
Al Qaida’s threat and international yihadist movement is an structural and original defy. Persuasion, containment, disuasion or cooptation aren’t effective strategies to confront an enemy who deny dialogue, truce or any possibility of peace. United States and his allies are now forced to use antiterrorism agressive tools: the use of Armed Forces and Information Services are pointing covert action and direct action operations necessary to defeat an assimetric adversary. But Al Qaida has been evolving since 9/11. The organization isn’t now structured and vertical.
Politic, military or propaganda branches has been eliminated. An important segment of the leaders of the hardcore of the network have been captured or are dead. But middle-level operatives have rebuilding the leadership in the new International Jihad dangerously emerging. The islamist terrorist movement has completed three phases (retreat, dispersion and regroupment) to take the pulse in an offensive strategy aimed to the mass destruction by any means, without restriction. Antiterrorist coalition must defeat a rare enemy, structurally global, operatively atomized.
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