Tras la espectacular caída del comunismo, las Naciones Unidas han recuperado parte del protagonismo perdido en los largos años de la "guerra fría". La necesidad de disimular, de forma más voluntarista que eficaz, el indiscutible control planetario de Estados Unidos y su condición de única superpotencia, indujo a George Bush a recurrir a la bandera azul para cobijar la operación "Tormenta del Desierto" contra Irak. Desde entonces, la ONU ha multiplicado sus intervenciones exteriores, aún a riesgo, si se ven saldadas con fiascos parciales como el de Bosnia o Somalia, de comprometer seriamente su propia credibilidad. Ahora, la organización que fue concebida como foro de diálogo para garantizar la paz y evitar los conflictos armados se enfrenta al reto de acreditar su validez como piedra angular del nuevo orden internacional.
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