Las organizaciones internacionales del narcotráfico introducen en el mercado partidas de droga que se miden ya por toneladas. Como los dos mil kilos de cocaína incautados la semana pasada por el Servicio de Vigilancia Aduanera. Pero subsiste todavía una subespecie de contrabandista que se sigue jugando el pellejo por unos pocos kilos de material, tentando a la suerte y a la experiencia de los aduaneros por una miserable recompensa. Las mulas, como se les denomina en el argot, utilizan el avión como herramienta de trabajo, y la imaginación como arma de camuflaje. Hemos elegido el aeropuerto de Barajas, en Madrid, para estudiar algunos de sus astutos sistemas, renovados día a día. Heroína y cocaína camuflada en pipas de calabaza, en una pierna ortopédica, en fregaderos, en figuritas de la Expo, en estoques de novillero... El día que estuvimos allí, y ante nuestros ojos, agentes de la Guardia Civil detuvieron a una colombiana que traía más de once kilos de cocaína pura simulando una colección de discos antiguos.
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