Es amigo de José Bono, el presidente socialista de Castilla-La Mancha, pero también de José María Aznar, el presidente del Partido Popular. Me lo cuenta frente a un café, antes de intervenir en un programa de Jesús Hermida, este torero que se llama Sebastián Palomo Martínez, apodado con el nombre, mítico en la tauromaquia, de Linares, el pueblo en el que murió Manolete y nació él, en el mismo año de 1947. Sebastián fue, en tiempos, el maletilla más famoso de España. Se marchó andando de Linares a Madrid para intervenir en las novilladas nocturnas de la plaza de Vista Alegre. Tomó la alternativa en un tiempo récord, de la mano de los hermanos Lozano. Era jovencísimo, nervioso, valiente y dominador. Triunfó en toda regla. Hace ocho años, decidió dejarlo. Pero ha seguido en las páginas de los periódicos: es ganadero, pinta abstracto, tiene una mujer guapa que sale en las revistas y alterna con José Bono. ¿Qué más se puede pedir? Sin embargo, ha decidido volver. Volver a vestir el traje de luces y a pelear bajo el sol con la gloria y la sangre, en medio de la cólera bronca del español sentado.
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