La concepción de boticas conventuales se remontan a la época medieval hasta su control y legislación con los Reyes Católicos. Así como existieron boticas monásticas en Santiago de Compostela, el Convento de San Francisco de dicha ciudad contaba con una ?botica? y enfermería para los propios frailes, tal y como lo confirman fuentes documentales conservadas en el archivo y biblioteca de la Provincia Franciscana de Santiago, entre los que destaca el libro manuscrito del franciscano Juan José Martín, pero no podemos afirmar la presencia de una botica en beneficio de la sociedad compostelana.
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