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Perú
Este articulo analiza los roles y la legitimidad de los envarados en la hacienda Q’ero (Paucartambo, Cusco) y en dos de las comunidades Q’ero que se formaron a partir de esta. A pesar que su relación con la hacienda y el estado se remonta al s XVII, las comunidades Q’ero tienden a ser presentadas como arquetipos de una autenticidad indígena prístina. Usando los registros etnográficos de empiezan en los 1920s y trabajo de campo, el articulo muestra cómo los envarados eran fundamentales en la organización del trabajo en la hacienda y su legitimidad externa provenía del hacendado y de autoridades estatales. Finalizada la hacienda, estas autoridades se articulan con aquellas de la Comunidad Campesina, institución a través de la cual el estado las reconoció en los 1980s. La antigua legitimidad de los envarados asociada al poder externo a la comunidad se torna en una interna muy débilmente asociada al estado. Las conversiones evangélicas y el análisis de las celebraciones a cargo de los envarados muestran cómo estos son cruciales en la recreación de una comunidad que incluye a los seres humanos y a los ruwales – lugares con nombre, agencia e intencionalidad propios – que constituyen el territorio comunal.
This article analyzes the roles and legitimacy of the communal authorities at the Q’ero hacienda (Paucartambo, Cusco) and the communities emerging therefrom. The colonial state established the hacienda in the XVII century. However, in 1922, its authority structure was more characteristic of communities descending from colonial Councils of Indians (Cabildos de Indios). Based on ethnographic records beginning in 1922 and fieldwork conducted in 2007 and 2008, the article shows how communal indigenous authorities, whose external legitimacy came from the landlord and the state, were essential to organizing hacienda work. As part of their role as mediators between humans and ruwales (places with agency and intentionality), these authorities were responsible for the rainy season festivities. When the hacienda closed in the 1960s, the state recognized these collectives as ‘peasant communities’ and imposed a new authority structure. While these new authorities were in charge of the relations with the state, the communal indigenous authorities continued in their roles. Their legitimacy emerged directly from the community of humans and ruwales and was only weakly tied to the state.
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