RESUMEN El uso de desfibriladores automáticos implantables (DAI) ha ido en aumento. Los pacientes usuarios de DAI inevitablemente transitan hacia el fin de la vida en algún momento, incluyendo la concurrencia de patologías terminales. En dicho contexto se hace relevante discutir y evaluar la desactivación de estos dispositivos en búsqueda del confort del paciente y evitar descargas en la fase de fin de vida. Hay múltiples barreras comunicacionales y operacionales a la hora de considerar la desactivación del DAI. En primer lugar, un gran porcentaje de pacientes no lo ha discutido con su tratante pese a las recomendaciones de guías internacionales de realizarlo previo a la instalación del dispositivo. En segundo lugar, existe un importante desconocimiento de pacientes, familiares e incluso médicos sobre los beneficios de DAI así como del proceso de desactivación y la discusión ética que incluso los lleva a pensar que ocurrirá una muerte inmediata, considerándolo como eutanasia o suicidio asistido. Finalmente, el manejo de pacientes en hospicios o el manejo de fin de vida en usuarios de DAI está escasamente protocolizado, con bajos porcentajes de desactivación, lo que se traduce en descargas en los últimos minutos de vida que producen angustia marcada a pacientes y familiares. Es necesario abordar estas barreras y discutir dichas temáticas con los pacientes para informarlos y educarlos en el funcionamiento de su dispositivo, con el objetivo final de permitir la toma de una decisión informada y compartida, en línea con el bienestar de los pacientes.
The use of implantable cardioverter-defibrillators (ICDs) has been on the rise. Patients using ICDs inevitably transit towards the end of life at some point, including some who develop terminal illnesses. In this context, it is relevant to discuss and evaluate the deactivation of these devices with the aim of addressing patients' comfort and avoiding shocks during the end-of-life phase. There are multiple communicational and operational barriers when considering ICDs deactivation. Firstly, many patients have not discussed this issue with their physicians despite international guidelines recommending such discussions before device installation. Secondly, there is a significant lack of knowledge among patients, family members, and even doctors about the benefits of ICDs, as well as the deactivation process and ethics considerations, which leads them to believe that immediate death will occur, considering it as euthanasia or assisted suicide. Finally, the management of hospice patients or end-of-life ICDs users is poorly standardized, with low rates of deactivation, resulting in shocks in the last minutes of life, which can cause marked distress to patients and families. It is necessary to address these barriers and discuss these issues with patients to inform and educate them about the functioning of their devices, with the ultimate goal of enabling informed and shared decision-making for patient well-being.
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