Como nos hemos empeñado en decir que año nuevo, vida nueva, cuando acaba un año y empieza el otro, empezamos a mirar al futuro y a querer adivinar qué cosas, qué riesgos y qué esperanzas, cuáles desdichas y cuáles fortunas, nos va a traer el año que nace. Os confieso que yo, en los videntes, creo casi tan poco como en los políticos. Pero como estamos en un país mágico, parece una insensatez despreciar la magia. Mejor que a los analistas, a los sociólogos, a los expertos en economía y en política, a los lógicos, aquí, en este país, hay que recurrir a los magos. En el umbral del año, es obligada la visita al mago o al adivino, a la pitonisa o a la bruja.
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