Resulta bien conocido que el acero permanece pasivo en el hormigón, en circunstancias normales, debido al pH fuertemente alcalino, y que la pasividad de las armaduras garantiza la durabilidad prácticamente ilimitada de las estructuras de hormigón armado (EHA). Sin embargo, existen cuestiones que siguen planteando, aún, activas controversias, con el riesgo de propiciar la aceptación de comportamientos o mecanismos que no son extensibles a todas las circunstancias, por ejemplo: a) que, descartada la carbonatación, el hormigón impone "siempre" un pH muy alcalino a los refuerzos. b) que, en las EHA que se corroen en estado activo, es "usual" un control catódico por difusión del oxígeno en la fase acuosa de la red de poros. c) que la influencia de los macropares galvánicos condiciona fuertemente el proceso de corrosión de las armaduras. e) que no importa el grado de corrosión inicial de las armaduras, porque la gran alcalinidad del hormigón garantiza su pasivación. En el trabajo presente se aportan resultados que demuestran que la respuesta de las EHA a las cuestiones anteriores es variada, a veces contradictoria, dependiendo del conjunto de condiciones experimentales.
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