El propio Rajoy avanzó que el suyo iba a ser un Gobierno previsible y así ha sido. El recién investido presidente se ha rodeado de su núcleo duro en Génova y en el Congreso y de independientes con los que ya trabajó en su etapa ministerial. Con ellos deberá acometer un cambio de ciclo donde las circunstancias económicas determinarán buena parte de las políticas del nuevo Ejecutivo. La tarea será difícil.
Los ajustes son impopulares y Bruselas mirará con lupa cada paso que dé España para reducir el déficit. A partir de ahora da comienzo un periodo de cuatro años en los que tendrá que demostrar si efectivamente es capaz de reducir la deuda pública sin llevarse por delante el Estado del Bienestar.
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