El domingo 16 de mayo dos patrulleras de la Guardia Civil del Mar, cumpliendo órdenes directas del Ministerio del Interior dictadas desde Madrid, impidieron por la fuerza el atraque del buque inglés Scirocco en el puerto de Almería. Ocupado por periodistas españoles y marroquíes, el ferry pretendía inaugurar una nueva línea entre España y Marruecos -amparada en la legislación comunitaria en materia de transportes- como alternativa a la actual línea Almería-Melilla, cubierta por la compañía estatal Trasmediterránea. Esta nueva línea supondría para el Ayuntamiento de Melilla unas pérdidas de miles de millones de pesetas al año, vía impuestos, excusa que ha sido utilizada electoralmente por el PSOE para utilizar la fuerza contra la compañía inglesa "que hubiera hundido la economía melillense". Economía que se hundirá de todas formas tras las elecciones generales, puesto que, según las informaciones obtenidas por ÉPOCA, la propia compañía estatal Trasmediterránea está preparando un barco para cubrir la línea que ahora se niega a la compañía inglesa.
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