El fútbol, opio del pueblo español, se ha convertido en un negocio de fachada para determinados empresarios y especuladores. El componente romántico ha pasado a mejor vida. La Liga de Fútbol Profesional, que lidera el discutido Antonio Baró, con la aquiescencia del obrero Villar, presidente de la Federación, ha dado paso a un trampolín que ha catapultado hacia la fama a personajes singulares en otros sectores de la vida política y social. Negocios inmobiliarios y financieros de todo tipo rodean, principalmente, a estos nuevos patronos del fútbol español, muchos de ellos propietarios absolutos de sus sociedades. Otros, en cambio, se dedican a la vida política, o han estado inmiscuidos en ella, y, los menos, son simples trabajadores por cuenta ajena que aún permanecen sufriendo por sus equipos. En un aspecto coinciden: casi nadie duda que la conversión de los clubes de fútbol en sociedades anónimas ha sido beneficiosa y la única solución para el necesario saneamiento. En las próximas páginas se descubre la trama que rodea a los que mandan en el fútbol español.
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