Ser buen médico es un desafío continuo, puede ser difícil lograrlo, pero ambicionarlo no se puede abandonar.
El artículo propone un buen número de características, que se pueden resumir en la tarea de establecer una relación médico paciente, organizada en torno a un trabajo de coordinación entre “miembros de un mismo bando/confraternidad”; para lo cuál es preciso de que el médico construya un “paisaje” donde sea posible la conexión entre el agobio y sufrimiento del paciente y el conocimiento y el arte del profesional.
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