La nueva estación, en realidad, la Nueva Plaza, requiere un tratamiento especial. La propuesta hace posible visualizar los trenes desde las superficies de paso y estanciales que, como extensión de los bajos de los edificios de oficinas o de las terminales, balconeen sobre los andenes. A la vez, e insistiendo en su excepcionalidad, se plantea tratar el espacio interior del cuadrilátero como un bosque inesperado, concibiendo y tratando de forma arbórea las columnas de soporte de la cubierta y la superficie de cubrición como una densa suma de copas que arrojan sombra de día y luz de noche.
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