La televisión está haciendo una gran revolución social en orden a gustos, costumbres, placeres vocacionales, y todas esas cosas. Ya sabemos todos que la crisis del teatro, y de otros espectáculos, es porque la gente se recluye en casa al amparo de la televisión, y como ésta es plural, elige la programación que le gusta. Y hasta en las mismas casas hay ya en muchas de ellas dos o tres aparatos de televisión para que cada miembro de la familia esté a gusto con lo propio.
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