El último adiós a Don Juan de Borbón, en el Monasterio de El Escorial, fue una sobria expresión del carácter de nuestra monarquía, sin grandilocuencias ni boatos excesivos. El protocolo se cumplió a rajatabla y todos los asistentes, desde los representantes de la realeza hasta los jefes de Estado y demás personalidades que asistieron a la ceremonia, hicieron de esta despedida un reconocimiento póstumo a la personalidad y a la significación de este rey sin corona.
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