Con la muerte de don Juan de Borbón, en fecha tan significada como el 1 de abril, se ha cerrado un capítulo de la historia de España: el de las convulsiones que sacudieron al país desde la caída de la Monarquía en 1931. El Conde de Barcelona era el único personaje superviviente de cuantos fueron protagonistas de aquella etapa: la histórica proclamación de la II República el 14 de abril, los sucesivos gobiernos republicanos, el Alzamiento, la Guerra Civil y el establecimiento y consolidación de la dictadura del general Francisco Franco. No pudo lograr el objetivo que le venía impuesto por su condición de heredero de la Corona española: convertirse en Rey, pero renunció a ser un obstáculo para que esa condición fuese alcanzada por su hijo, Don Juan Carlos, y llegó al final de sus días rodeado de un respeto generalizado, incluso de aprecio, tanto de la población como de las fuerzas políticas.
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