El presente artículo pretende demostrar cómo las revoluciones industriales han perseguido como fin incondicional aumentar la productividad y la riqueza empresarial. Para lograrlo, incluyen máquinas asociadas a la explotación, sustituyendo parcialmente su principal herramienta donde no les es útil: la mano de obra humana.
En 2010, por vez primera, un país altamente desarrollado viola la regla de “parcial”, tratando de introducir artilugios en sustitución “sistémica” del trabajador asalariado. Acaba la falsedad de las buenas intenciones e irrumpe la inmoralidad sin sostén. Se analiza las causas y consecuencias de fragmentar el paradigma, más allá de la responsabilidad social, en el olvido.
This article aims to demonstrate how industrial [r] developments have pursued the unconditional goal of increasing productivity and business wealth. To achieve this, they include machines associated with exploitation, partially replacing their main tool where it is not useful: human labor.
In 2010, for the first time, a highly developed country violated the “partial” rule, trying to introduce gadgets to replace “systemic” salaried workers. The falsehood of good intentions ends and immorality breaks out without support. It analyzes causes and consequences of fragmenting the paradigm, beyond social responsibility, into oblivion.
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