Enfrentado a graves acusaciones de corrupción, una seria crisis en su propio partido, una etapa de recesión económica que no se producía desde 1981 y una manifiesta pérdida de apoyo en la opinión pública, Felipe González no encontró mejor salida que la huida hacia adelante. La convocatoria de elecciones generales para el 6 de junio, tras la disolución anticipada de las Cortes, ha abierto una expectativa de cambio político, puesto que por primera vez desde 1982 el PSOE no parte como favorito.
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