Es viernes, 26 de febrero, y Enrique Múgica me ha citado a la una, en la sede socialista de Ferraz. Llego tarde, como siempre, envuelto en el tráfico desesperante de Madrid, y entro en el "Sancta Sanctorum" del PSOE, levantado en donde vivió Pablo Iglesias, con más timidez que el juez Barbero. Pero el ex ministro de Justicia y miembro de la Ejecutiva del PSOE me recibe cordial y afectuoso, a pesar de que le voy a hacer llegar tarde a su comida. Múgica ha cumplido ya sesenta años, es abuelo de dos gemelos, Manuel y David (hijos de Daniel, su hijo escritor), y tiene el color admirable de un aficionado taurino en plena temporada...
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