Su trono se asienta en un pequeño reino de mujeres, en el que los hombres son todavía anécdota. Es un reino limpio, meticuloso, ordenado, que abre sus ventanales al sol de la muy señorial calle de Antonio Maura y que alimenta ilusiones y trabajos a través de guisos cántabros y café de "la Mejicana". Como en casa. Y es que lo primero que hizo Araceli Pereda -mujer del Ministro de Defensa- al llegar a la Fundación Banesto hace ahora exactamente un año. fue meterse en obras y elegir sillas y tapizados. La cultura, propiamente dicha, vino después. Y vino, como la sobria decoración de esta su segunda casa, como los hogareños menús con que recibe a los periodistas, pasito a pasito, sin estridencias, de una manera casi silenciosa que, en definitiva, nadie habría adivinado en un proyecto del mago de la imagen en la banca española como es Mario Conde.
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