Por la boca muere el pez, dice el refrán castellano, y eso le ha pasado al ministro de Economía, Carlos Solchaga, que en el Senado, en 1988, reconocía por activa y por pasiva la condición de agencia gubernamental del grupo KIO, así como la total compenetración de los gestores -entre los que destacaba Javier de la Rosa- con el Gobierno. A tenor de esta intervención de Solchaga, se deduce que todo lo que ha hecho KIO en España ha sido con el conocimiento y el permiso del Ejecutivo, lo que aporta una nueva dimensión a las responsabilidades que pudieran derivarse del escándalo provocado por el derrumbe financiero de este gigante con pies de barro, en el que ocupaban puestos directivos -y por eso se les contrató- amigos personales de los ministros de Felipe González.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados