Todo gran político, y José Calvo Sotelo lo fue, deja tras de sí alguna obra tan decisiva que, hagan lo que hagan aquellos que se declaran sus enemigos, no es posible destruir. Carlos X podía derribar las estatuas de Napoleón, pero nada podía contra su Código Civil. Los seguros sociales desarrollados por el caudillo conservador Bismarck obligaron, incluso a la comunista República Democrática Alemana, a rendirle un homenaje bien explícito...
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados