Los augures no se han equivocado. La "cumbre-espectáculo" de Washington ha sido un rotundo éxito. Todo, desde el curioso decorado, con la bandera de la hoz y el martillo ondeando en la Casa Blanca, hasta el trabajo de las decenas de extras, y, por supuesto, la interpretación de los primeros actores, Ronald Reagan y Mijail Gorbachov, estuvo a la altura de las históricas circunstancias. Ni siquiera, la sospecha de celos escénicos entre las dos "divas", Nancy y Raisa, puede empañar la brillantez de la función. Ahora, caído ya el telón, los satisfechos espectadores esperan que el próximo estreno, previsto para la primavera de 1988 en Moscú, resulte al menos tan lucido como éste.
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