Nuestro cineasta más internacional, al que le acaban de conceder la Medalla de Oro de las Bellas Artes, vive fuera de Madrid, y anda muy ajetreado con el montaje de su último trabajo, un documental, en largometraje, de la Olimpiada de Barcelona. He intentado verle un par de veces, pero ha sido imposible. Hoy me concede su hora del almuerzo, sin almuerzo. Está Carlos Saura rodeado de latas de película y seleccionando planos de atletas frente a una moviola que parece un trasatlántico, en el que el contramaestre es un hombre menudo, Pablo del Amo, montador famoso por cuyas manos han pasado kilómetros de celuloide de cine español...
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