La tormenta monetaria acumuló, pasada la primera quincena de noviembre, sus revueltas y depresiones mayores -para continuar la metáfora meteorológica- sobre las monedas más débiles del área nórdica, la corona sueca, la noruega e, incluso, la danesa, y sobre las débiles periféricas, incluidas las dos de la Península Ibérica, el escudo portugués y la peseta, y la libra irlandesa. La reunión del Comité monetario del Sistema Monetario Europeo (SME) el pasado 21 de noviembre fue su resultado. Como consecuencia del mismo, la peseta se devaluó ahora un 6 por 100. Un nuevo, y cada vez más serio, tropezón de nuestra moneda.
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