Ha preferido dejar los abrazos de Kim Bassinger por los puñetazos de cualquier boxeador. Prefiere el ambiente cutre de los gimnasios y "rings" al "glamour" de Hollywood. Sabe que nunca será tan buen boxeador como actor, pero prefiere olvidarse de ese mundillo, del que despotrica a la mínima oportunidad. Tanto empeño ha puesto en quitarse el "glamour" de encima, que ahora pulula por ahí hecho un guarro, con el pelo grasiento y aspecto de sucio. Y es que una cosa es el "dirty-chic" y otra el "dirty-dirty".
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