Las pérdidas de ambos bandos en el Ebro fueron similares. La historiografía ha situado el número de bajas entre los cuarenta mil y los sesenta mil soldados, cifras que se estiman a partir de la propia documentación generada por cada Ejército y las memorias de algunos de los mandos que tomaron parte. En todo caso, como sucedió en Teruel, que la cantidad de muertos y heridos en el Ebro fuera parecida en los dos bandos no significa que el impacto también lo fuese: ambos enfrentamientos resultaron en sendas derrotas para un Ejército Popular que no podía pagar semejante precio, a diferencia de un contingente sublevado que, dada su mayor disponibilidad de recursos humanos y medios materiales, sí era capaz de absorber ese daño, si bien no sin consecuencias. Las divisiones republicanas que tomaron parte en la batalla, más de una decena, sufrieron un considerable desgaste al sostener durante meses la cabeza de puente en el Ebro, lo que a la postre resultó decisivo en la ruptura del frente por parte de las tropas franquistas entre diciembre de 1938 y enero de 1939.
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