El concepto de «extrema derecha» abarca, tanto a nivel de pensamiento como de práctica política, un conjunto de «tradiciones» coincidentes en su rechazo del pluralismo político, en la defensa de sistemas de carácter autoritario o totalitario, en una perspectiva antropológica pesimista y en una acción social antirrevolucionaria y, a la vez, reformista. Pero separadas entre sí en no pocos aspectos. Podemos distinguir, así, entre diversas «tradiciones» de extrema derecha: la «teológico política» -o tradicionalista-, basado en la preeminencia del factor religioso; la «radical», que asume los supuestos seculares de la modernidad e intenta fundamentar su discurso en factores no religiosos: raza, nación, etc., y la «revolucionaria» -o fascista-, cuyo proyecto político tiene por base una síntesis de elementos socialistas, nacionalistas y populistas, elaborada desde una perspectiva antiliberal y antimarxista. Estas «tradiciones» pueden ser clasificadas, según su vigencia social, en «hegemónicas», «residuales» y «emergentes». A juicio del autor, lo característico de la situación española es el mantenimiento de la «tradición» teológico-política como hegemónica hasta bien entrado el siglo XX; y la situación subordinada de la radical y de la revolucionaria.
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