"Los banqueros -escribió Ogden Nash- son como las demás personas, sólo que más ricos". Subo hacia la planta 11 del Banesto, para conocer al meteoro audaz, al "yuppy" intrépido, al fulgurante "superman" Mario Conde, multimillonario de la noche a la mañana, un talego palpitante de ambiciones y de éxitos, el banquero-guay, cóctel fabricado "by" Abelló-Montedison-Garnica. Y temo la desilusión. Recuerdo el viejo consejo inglés: "No conviene exponer la magia a la luz del día". Pero hoy Mario Conde, el más joven presidente de uno de "los siete grandes", es, desde la punta de sus brillantes zapatos negros hasta la raya del pelo, todo él, un hombre-noticia. Y a partir de hoy, un hombre-sor-presa. Hay que verle.
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