No resulta fácil creer que el mundo en el que vivimos podría salvarse y convertirse en algo mucho más vivible si nos quedamos solo con los titulares tremendistas de la prensa. La angustia por sentir que no hay salida para la catástrofe ecológica a la que nos enfrentamos puede convertirse incluso en un problema de salud mental —especialmente en los más jóvenes— que ya tiene nombre: ecoansiedad. Por eso resulta tan importante imaginar otros futuros posibles donde la vida es mucho más sostenible, hermosa y deseable
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