En 1998, la rotura de una balsa minera en Aznalcóllar causó el vertido de siete millones de metros cúbicos de lodos y aguas tóxicas al río Guadiamar, dañando el ecosistema de Doñana y desestabilizando la economía agrícola y pesquera de la vega del Guadiamar y del estuario del Guadalquivir. Ahora, 25 años después de aquel desastre, Greenpeace ha documentado numerosas filtraciones en las balsas de lodos mineros de Riotinto, en Huelva
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