Las celebraciones de los éxitos deportivos se han convertido, desde hace tiempo, en un mecanismo de exaltación por el que suelen desembocar los afanes identitarios y nacionalistas de las sociedades de todos los países. Como se ha podido comprobar, en el caso español se ha vuelto a desatar la euforia a raíz del triunfo de la selección masculina de fútbol en la Eurocopa del 2024, tal como ocurrió hace algo más de una década con los triunfos en la Eurocopa del 2008 y la del 2012 y, sobre todo, con el triunfo en el Mundial del 2010. Sin embargo, la peculiaridad del momento actual ha tenido también otros significados porque se ha producido en un contexto de auge de lo que se ha llamado la guerra cultural, desatada por las ultraderechas en varios países del mundo, y que en España ha adquirido unos tintes extremadamente reaccionarios.
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