A principios de la década de 1970 empiezan a llegar a España los ecos de la literatura de ciencia ficción angloamericana claramente vinculada al movimiento contracultural. La ciencia ficción fue pues un terreno de exploración donde la cultura adulta y más convencional se dio la mano con formas de expresión juveniles y rupturistas, por ejemplo, las experiencias vitales basadas en la utilización de drogas o en las prácticas espirituales orientales. No se puede decir que en España hubiera una respuesta masiva a este fenómeno, sino que se expresó en un ambiente de grupos minoritarios. Revistas como Zikkurath, Star y Nueva Dimensión, contribuyeron a difundir en la década de 1970 este tipo de ciencia ficción literaria que suponía tanto la subversión de un género como la apertura a otros espacios de experimentación artística. Así se desarrolló la obra de Mariano Antolín Rato, incluida su novela Mundo Araña (1981), y la del grupo llamado de la «nova expressión», con novelas muy experimentales como Sisabana (1979), de Jaime Rosal, y La perversa obra de Godo (1978), de Víctor Zalbidea.
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