El fracaso de la política económica del Gobierno socialista ha desatado las ansias por recuperar el poder perdido por parte de Alfonso Guerra, quien se ha lanzado a una campaña de críticas contra sus antiguos compañeros de gabinete. Guerra se ha levantado como el adalid de la ortodoxia socialista, acusando una vez más de neoliberal a Solchaga. Sin embargo, la receta de Guerra, basada en un mayor peso del sector público, más deuda e impuestos para hacer frente a nuevas prestaciones sociales, agravaría aún más los problemas de la economía, haciéndola inviable para competir en el mercado europeo.
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