El 20 de agosto de 1982, el mundo financiero internacional, que se preparaba para unos rutinarios debates en la reunión anual del Fondo Monetario Internacional (FMI), convocada en Montreal, tembló. Esa asamblea pasaría a la historia porque en ella, a través de su secretario de Hacienda, un excelente economista, Jesús Silva Herzog, México comunicó que no era capaz de hacer frente a las exigencias financieras derivadas de una deuda política económica cuya última pirueta sería la estatificación de la banca privada por parte de López Portilo...
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