Un fallo del Tribunal Supremo acaba de poner de nuevo sobre el tapete la polémica ley de subvenciones al cine, bajo cuya vigilancia la industria cinematográfica española ha alcanzado sus más paupérrimos logros, tanto en premios internacionales, como en cifras de taquilla, y en número de espectadores y de películas. El cine español agoniza en su conjunto, aunque el éxito de algunas cintas y la buena imagen que se le quiere dar hace a algunos creer en espejismos. La orden ministerial que regula la "ley Miró" ha sido anulada por defecto de forma. Pero no parece que nada vaya a cambiar. Todo lo más se retrasará un poco, por cuestiones burocráticas, la concesión de subvenciones anticipadas a una industria que ya sólo se mueve en función de lo que diga y conceda la "madre Administración".
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