Leioa, España
Objetivo: evaluar los efectos de una intervención educativa en la activación y capacitación de los y las pacientes para participar en su seguridad durante la asistencia.
Método: investigación cualitativa mediante entrevistas personales semiestructuradas a 12 de las y los 17 pacientes que recibieron la intervención educativa al entrar en lista de espera para intervención quirúrgica de traumatología. Seguimiento de las y los pacientes y entrevista al final del proceso asistencial. Grabación y transcripción del contenido de las entrevistas. Análisis cualitativo de las transcripciones, anotaciones de la entrevistadora y cuadernos de notas de los y las pacientes.
Resultados: el grado de activación al inicio del proceso varía según el nivel de estudios y las experiencias previas de cada paciente. Otros factores, como la actitud y respuesta de las y los profesionales, el ámbito asistencial y las circunstancias en las que se produce el encuentro clínico, modulan la participación del paciente en su seguridad. La capacidad del paciente para actuar como barrera de seguridad no es innata: se puede adquirir, de forma natural, con la experiencia, o de forma inducida, mediante actividades educativas. Todas las personas mejoraron su nivel de activación y capacitación, independientemente de su situación de partida.
Conclusiones: los y las pacientes pueden actuar como barrera y muestran mucho interés en hacerlo. La información y la formación son imprescindibles como primer paso para su activación. El empoderamiento no se alcanza en todos los casos y, una vez alcanzado, no se mantiene estable. Conocer y tener en cuenta los factores que modulan la capacidad de las personas en tratamiento para participar nos permitirá ser más eficaces y eficientes en el desarrollo de futuras intervenciones educativas.
Aim: to make a social prescribing (SP) diagnosis in the region of Aragon from professionals’ narrative to identify benefits and barriers in the implementation of SP in primary care teams.
Methods: study with qualitative methodology based on semi-structured interviews with primary care professionals involved in SP. Intentional sampling was performed, selecting nine professionals with experience in formal SP. They are representative in terms of different professional categories, healthcare sectors and workplace (rural or urban). The analysis was performed iteratively using MaxQDA software. Emerging categories were coded and data were triangulated.
Results: topics related to seven categories emerged: the impact on daily work, use of available resources, programme extension, benefits and negative effects of SP, barriers to implementation and suggestions for improvement. They raised familiarity with the community network as an essential condition before devising any SP programme, to do so in an effective manner. To this end, they positively evaluate the tools provided by the Community Care Strategy in Primary Care, although they require some improvements to facilitate their use and not have an impact on the workload. The need for improved coordination with social work was demonstrated, as well as the unification of protocols that these professionals already use.
Conclusions: SP is beneficial for both professionals and patients, as long as it is performed in a structured way with previous work with the community. The creation of support and training tools, as provided by the strategy, is deemed key.
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