El final de la Corte itinerante y la elección de una ciudad como sede permanente del aparato del Estado fue un largo proceso histórico que en buena medida consumó el tránsito desde las estructuras ideológicas medievales hacia los nuevos planteamientos políticos, representativos y burocráticos de la Edad Moderna. Este texto se centra en la consideración de las implicaciones urbanísticas y arquitectónicas de este proceso. Se parte de una recapitulación sucinta de algunas de las distintas moradas habitualmente escogidas por los reyes para el gobierno de sus estados durante el prolongado periodo de itinerancia de la Corte para estimar las consecuencias de la decisión adoptada por Felipe II en 1561 al ubicar la Corte en Madrid. Además del propio Alcázar Real, surgirá en torno suyo un incipiente barrio de los palacios cuya implantación urbanística se vio temporalmente truncada al trasladarse la Corte a Valladolid en 1601, un “lustro de gracia” plasmado en la habilitación del Palacio Real como sede de la Corte de Felipe III y unos intentos de remodelación urbana de la capital castellana. El regreso de la Corte a Madrid en 1606 frustrará estos proyectos y el “barrio de los palacios” será una de las muestras más elocuentes del papel asumido definitivamente por Madrid como “ciudad-capital”.
The end of the itinerant Court and the election of a city as the permanent headquarters of the Modern State was a long historical process that largely completed the transition from medieval ideological structures to the new political, representative and bureaucratic approaches of the Modern Age. This paper focuses on the consideration of the urban and architectural implication of this process. The starting point is a brief review of some of the different residences usually chosen by the kings for the government of their states during the prolonged period of the itinerancy of the Court to estimate the consequence of the decision adopted by Felipe II in 1561 when locating the Court in Madrid. In addition to the Alcázar Real itself, an incipient “Palace district” will emerge around it, whose urban implementation was temporarily truncated when the Court moved to Valladolid in 1601, a “five-year period of grace” reflected in the remodeling of the Palacio Real as the headquarters of the Court of Felipe III and some attempts at urban remodeling of the Castilian capital. The return of the Court to Madrid in 1606 would frustrate these projects and the “Palace District” would be one ot the most illustrative example of the role assumed by Madrid as “Capital City”.
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