Este capítulo analiza el papel de las redes energéticas en el contexto geopolítico actual y, en particular, en el marco de la transición sostenible hacia una economía con cero emisiones netas de gases de efecto invernadero y baja huella medioambiental. Las redes energéticas de un país (y las infraestructuras en general) son activos esenciales para alcanzar objetivos clave de las sociedades modernas como garantizar la competitividad de la economía y el bienestar de la sociedad, avanzar en la descarbonización y reforzar su seguridad. Disponer de redes energéticas robustas, malladas, integradas y que incluyan las tecnologías digitales más avanzadas favorece la creación de ventajas competitivas para las empresas y para la economía, y una mejor posición geopolítica. Por tanto, son elementos centrales y críticos de las estrategias globales de los países y regiones. Actualmente, las redes energéticas afrontan su mayor transformación desde la Segunda Guerra Mundial, en un contexto complejo con profundas transiciones en marcha (transición energético-medioambiental, nuevas tecnologías limpias, digitalización, redefinición de la globalización, reconfiguración de la geopolítica de la energía, etc.) y retos globales de primera magnitud (amenaza climática, conflictos bélicos en marcha o potenciales, polarización ideológica, corrientes de desglobalización y proteccionismo, «carrera verde» entre regiones, etc.). La transformación de las redes energéticas en redes inteligentes, digitalizadas, interconectadas y que integren todos los recursos energéticos y fuentes de flexibilidad plantea importantes oportunidades en términos geoestratégicos además de contribuir a resolver el llamado «trilema energético». Sin embargo, capitalizar estas oportunidades implicará, necesariamente, resolver algunos desafíos geoestratégicos como los riesgos cibernéticos asociados a la mayor digitalización del sistema energético, la creciente dependencia de la UE (y otras regiones del mundo) de la importación de materias primas y minerales críticos para la transición energética, que está dando lugar a una reconfiguración de las reglas y de las relaciones de la geopolítica de la energía, la tensión entre avanzar en el desarrollo de grandes hubs energéticos interconectados de carácter regional o continental, y la necesidad de mantener niveles elevados de seguridad del suministro energético.
This chapter analyses the role of energy networks in the current geopolitical context and, in particular, in the framework of the sustainable transition towards an economy with zero net greenhouse gas emissions and a low environmental footprint. A country’s energy networks (and infrastructures in general) are essential assets for achieving key objectives of modern societies, such as ensuring the competitiveness of the economy and the well-being of society, advancing decarbonization and reinforcing their security. Having robust, meshed, and integrated energy networks that include the most advanced digital technologies favours the creation of competitive advantages for companies and for the economy, and a better geopolitical position. Therefore, they are central and critical elements of the global strategies of countries and regions. Energy networks are currently facing their biggest transformation since World War II, in a complex context with profound transitions underway (energy-environmental transition, new clean technologies, digitalization, redefinition of globalization, reconfiguration of energy geopolitics, etc.) and major global challenges (climate threat, ongoing or potential military conflicts, ideological polarization, de-globalization and protectionism, «green race» between regions, etc.). The transformation of energy networks into smart, digitalized, interconnected grids that integrate all energy resources and sources of flexibility offers significant geostrategic opportunities, as well as helps to solving the so-called «energy trilemma». However, capitalizing on these opportunities will necessarily involve solving some geostrategic challenges, such as the cyber risks associated with the increased digitalization of the energy system, the growing dependence of the EU (and other regions of the world) on imports of raw materials and minerals critical for the energy transition, which is leading to a reconfiguration of global energy geopolitics, the tension between advancing in the development of large regional or continental interconnected energy hubs and the need to maintain high levels of energy supply security.
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