Se daba por descontado que los comicios políticos generales para la elección del XI Parlamento italiano iban a ser los más importantes de los últimos 44 años de democracia en Italia, puesto que por vez primera ya no se planteaba la posibilidad de una llegada de los comunistas al poder, ni solos ni aliados con otros grupos de extrema izquierda. La desaparición traumática y definitiva del viejo PCI de Gramsci, Togliatti y Berlinguer, ha cambiado radicalmente el panorama político, de forma que la Democracia Cristiana, el partido de mayoría relativa que desde 1948 fundaba el motivo de su existencia en la necesidad de levantar lo que se venía llamando un "dique contra el comunismo", se ha visto obligado a proponer, junto con los aliados anticomunistas de centro-izquierda, una nueva justificación política, centrada en el profundo cambio institucional, social y económico, que sus líderes han prometido para seguir manteniendo el poder.
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