Sólo dos alusiones a la actualidad -Ibercorp y la cumbre de Maastricht- evitaron que el debate parlamentario sobre el estado de la Nación fuese una repetición del celebrado el año pasado. Quizá haya sido el reflejo de una situación política que no experimenta cambios significativos: el lento desgaste del PSOE no cuestiona su hegemonía política, en tanto que el moderado ascenso del PP no termina de convertir a la oposición en alternativa. El presidente del Gobierno -que invocó una gripe- no se molestó en acudir el segundo día. El grupo socialista no admitió ni una sola de las mociones contra la corrupción.
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