Mire usted, lector, que en esta España nuestra la fuente del misterio no se seca nunca. Uno se sienta a la puerta de su casa, y se entera cada día de descomunales hazañas de hombres que nos aseguran que están convirtiendo la patria en un vergel maravilloso, y que atravesamos un momento estelar no superado en 400 años. Uno, por más que mira, no ve semejante paraíso, ni mucho menos. Claro está que si uno se sacude la pereza y se da un paseo por Andalucía escuchará, entre la calor de un sol de castigo, las palabras de otros hombres que hablan de descomunales hazañas de apariciones, como privilegiados seres de una España que busca en lo sobrenatural, lo que no encuentra en la vida diaria.
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