Hay quien dice que la verdad tiene su espacio bajo las bóvedas de la Asamblea o sobre los suelos marmóreos de los Tribunales. En Guinea Ecuatorial, enraizada a épocas remotas, subsiste la costumbre de dialogar hasta llegar a la verdad en la Casa de la Palabra (Abaá, en idioma fang). Este es un lugar de encuentro social donde los conflictos tribales tratan de solventarse, y donde las lenguas que nunca conocieron la atención de los demás, son por fin escuchadas. Inestimables conversaciones liman asperezas, determinan el destino de criminales o aclaran cualesquiera de las materias de preocupación cotidiana que permanecían sin luz. La Casa de la Palabra se sitúa en el centro del poblado. Mujeres, hombres y niños se sientan a distancias equidistantes, bien a la vista unos de otros, y el que quiere enunciar sus ideas dibuja en el aire un signo con el que solicita turno de intervención.
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