La cordillera de los Andes ha generado innumerables oportunidades para la evolución, especiación y radiación de la fauna andina. La cordillera tiene una variedad de microhábitats como resultado de intrincadas interrelaciones entre altitud, temperatura y pluviosidad. Los páramos son islas altitudinales, generalmente por encima de 3000-3500 m, y su componente biótico está conformado por elementos neotropicales de origen local, elementos subantárticos, que emigraron desde el sur, y elementos neárticos, que llegaron desde el norte a través del Istmo de Panamá.
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