Los aficionados a los toros, muy aferrados a la tradición, lo cual es bueno, confunden a veces tradición con atraso. Conservar todo lo bueno del pasado, proyectándolo hacia delante, como la flecha que sale del arco, es lo que debemos entender por tradición. Pero no podemos quedarnos en la caverna. Al cuerno, pues, la frase que se atribuye al Guerra (a Rafael no a don Alfonso) de que las corridas requieren "sol y moscas". Ha llegado el momento de hacer útiles las plazas de toros durante todo el año, y no sólo en los pocos días de las fiestas de la Patrona, en que hay corrida. Y eso, si no llueve. Las plazas descubiertas llevan camino de desaparecer por su ruina económica. Se impone la rentabilidad. Ni en el mejor de los casos, como el de la Monumental de las Ventas, de Madrid, en que se celebran unos 70 espectáculos al año, compensa mantenerla cerrada durante los restantes trescientos días.
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