El tema consta de dos partes: la primera hace referencia al signo, y la segunda trata sobre el sacramento. Cada una de ellas es distinta de la otra y tiene su propia estructura lógica, aunque en un planteamiento teológico son inseparables, pues el signo se juzga haciendo referencia al sacramento, y todo sacramento se concreta en un signo. Para el teólogo, la una y la otra consideración, si se separan, no tienen razón de ser, dado que el signo confiere soporte al sacramento, y en el sacramento se concreta la razón de ser de un determinado signo.
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