Además de por su modesta envergadura y otros detalles menores, la Orden de Montesa se diferenciaba de sus hermanas castellanas en su localización en un Reino con leyes distintas a las de Castilla, lo que imposibilitó su simple asimilación al modelo diseñado para Santiago, Calatrava y Alcántara una vez verificada su tardía (1592) incorporación a la corona. En Montesa -esa es la tesis del presente estudio-, el estatuto privilegiado que le confería su condición de orden militar se solapaba con el aparato legal foral, dotándola de una cierta originalidad jurisdiccional e institucional, algo que inevitablemente se vio reflejado en sus relaciones con la monarquía. El análisis de esas relacionas puede constituir, pienso, un interesante observatorio, tanto de la vigencia de las órdenes militares en la época moderna como, más allá, de la estructura y la dinámica del poder en la monarquía hispano del Antiguo Régimen
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