¡Ay de mí, qué duelos y qué quebrantos pasé para encontrar la escondida casa de uno de aquellos soñadores que en la década de los años sesenta revolucionaron al mundo! En Ibiza, por más que indagué, no encontré a ninguno, a pesar de que la isla, cuando era poco frecuentada por la civilización, fue escogida por ellos para vivir, junto con otras del océano Pacífico y de los mares de Asia. En Ibiza todos eran imitadores.
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